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sábado, 5 de noviembre de 2011

Hola Puerto Rico

Creo que cuando desperté ya habíamos aterrizado porque no recuerdo nada de la vista aerea de la ciudad.  Esperé a poder levantarme de mi asiento y sacar mis maletotas de mano, creo que fui de las últimas en el avión.  Mientas tanto, tuve esa sensación extraña y dificil de describir que me pasa casi siempre que aterrizo en algún lugar que no sea mi casa, o al menos, un lugar donde tenga residencia "fija".  Es como ansiedad, desorientación, nostalgia y desconicerto.
Me sentí perdida en el aeropuerto.  Eran más de las 10 pm y casi no había nadie, creo que mi vuelo fue el penúltimo del día.
Hice la fila de migración, abrieron el misterioso sobre que el Consulado de EE. UU. había grapado a mi pasaporte y me mandaron a otro departamento dónde iban a verificar mis documentos y no se que más.  Es la primera vez que entraba con una visa que no fuera la de turista, así que me tocó esperar como 20 minutos (o 30) para que me dijeran que todo estaba en orden y me pudiera ir.
Nuevamente desorientada, no sabía dónde encontrar mis maletas, y mi parte del aeropuerto estaba desierta; no habia ni personal de seguridad ni pasajeros a quien preguntar.  Al fin y al cabo llegué a una enorme sala de bandas de equipaje, que tuve que recorrer hasta el final para dar con el mio.  Luego, otra vez a sufrir para encontrar quien me ayudara a llevarlas afuera.  Se supone "por ahí" andaba un maletero, pero no se le veía ¡¡por ningún lado!! ahí solo había guardias y más personas esperando a alguien que les llevara sus maletas, muchas todavia más grandes que las mías.
Por fin, encontré al tal maletero, que ya tenía cliente: una señora y su hija como con dos docenas de maletas, afortunadamente, y no se como, también cupieron las mias en un carrito que nunca me hubiera imaginado tuviera esa capacidad.  La señora muy linda me dió su teléfono por si necesitaba algo de la isla y no quiso que coperara para pagarle al maletero.  Cuando salí a la calle no veía a nadie del MC, así que el mismo muchacho de las maletas me presto su Iphone (porque aquí en PR todo el mundo tiene Iphone) para llamar a Miriam.  Ella estaba con Huber y Val esperandome por otra puerta, ¡desde hacia dos horas! Estaban muertos del aburrimiento, pero bueno, subimos rápido mis maletas y fuimos rumbo a mi nueva casa.  Creo que antes de conocerla, hicimos escala para cenar en el Café Ruben, que está enseguida.  No me puedo quejar, tengo un resaurante dominicano de comida criolla (tipo casera) 24/7 a un lado de casa, y una placita llena de bares al otro.
Lo primero que comí en PR: una media noche, algo así como un "sandwich" en un pan que se abre sin llegar a partirlo en dos, como un hot dog, pero sin la forma de salchica.

*Otra cosa curiosa, aquí los sandwiches no necesariamente los hacen con pan de barra; un sandwich puede estar hecho con cualquier pan, es mas que nada el concepto de poner cosas dentro de dos mitades.  Incluso, algunos sandwiches parecen lo que para nosotros sería una baggete o una torta.

A pesar de que me estaba muriendo de sueño, aguante la conversación hasta que me mandaron a dormir, feliz de iniciar mi aventura en Puerto Rico.

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