Lo mejor que puedo decir de Panamá es que realmente me quede con ganas de más. Llegue sin muchas expectativas sobre el lugar, fue algo muy espontáneo que en realidad no planee con más de una o dos semanas de anticipación, y no lo confirmé hasta unos días antes.
En Panamá tienen una conferencia muy internacionalizada a la que había querido ir desde la primera vez que oí sobre ella, en 2008, y este año las estrellas por fin se alinearon.
Nunca pude contemplar la ciudad desde el cielo. Lo primero que vi de Panamá fue el mar y una selva muy verde; acto seguido, me quedé dormida y no desperte hasta el aterrizaje, como de costumbre.
Recuerdo que pensé: no importa, de regreso lo repongo. En realidad, de regreso me quedé dormída apenas me subí al avión, así que no cumplí con ese objetivo.
Mis primeras impresiones de Panamá fueron malísimas: A parte de que me dolía la pierna, y hasta la espalda baja, y tenía mi inmenso equipaje de mano (como es común, haciendo trampa con maletas de más), el aeropuerto estaba lleno, llenísimo, me sientía completamente desorientada y tuve que hacer una fila laaaarga para pasar a migración. Una vez ahí fue muy rápido, solo me sellaron el pasaporte y me dieron una tarjetita que supuestamente es un seguro médico por 30 días, para turistas. Sin embargo, con el detalle de mi piernita, mi maletotaa de mano a punto de estallar, mi bolso y el maletín de la laptop (también lleno de cosas) fue una tortura y espero no volverlo a hacer nunca más.
Después de eso, el servicio en el aeropuerto era bastante malo: no había nadie que me diera cambio para las maquinas de los carritos maleteros, me mandaban con equis persona para que me ayudara, y esa persona solo me hacía señas que yo no entendía y me dejaba sola, aaaahhhhh ¡¡y yo arrastrando mis maletas por todos lasdos!! fue como hablar otro idioma, ¡literalmente! la verdad es que me estaba costando trabajo entender el acento panameño.
Finalmente dejaron de ignorarme, consegui mi cambio en billetes de dolar y pude sacar un carrito y subí mis maletotas yo sola; porque nadie fue lo suficientemente amable, y para mi sorpresa, ningún hombre fue caballeroso para ayudarme con eso a menos que le diera dinero...mmm como que comienzo a extrañar a mis machos.
Llegué a aduanas, donde pasaron por la banda mis 2 maletotas de 20 kg. cada una, mi bolsote de mano de 15 kg, mi bolso normal (también pesado), mi maletín de la laptop y etc. y me cuestionaron como si fuera una criminal que iba a emigrar ilegalmente a Panamá a causar todo tipo de daños. Hello!!! yo se que economicamente son lo mejor de Centroamérica, pero creo que alguien se está sobre estimando (una disculpa, pero es que el tono de los agentes aduanales no fue el correcto).
Les expliqué que solo estaba de paso para un congreso y que de ahí me iba por un año a PR, les mostré mi vuelo de salida y después de responder a más preguntas muy inquisidoras y un poco groseramente formuladas, me dejaron ir. Ni en migración me molestaron; es más, agentes de la Unión Europea o Estados Unidos, que realmente tienen problemas de inmigración ilegal, han sido mucho más amigables.
Finalmente, una hora después pude llegar a la salida, dónde se suponía alguien del comité organizador (para futuras referencias, OC) de la conferencia me estaría esperando, pero nadamás no se veía nada. Para este entonces, yo tenía más de una hora de retraso, así que bien podrían haberse ido.
Conseguí internet gracias a un empleado de los taxis del aeropuerto, bastante guapo por cierto jeje. Mientras tanto, me contó de su vida y de lo guapas que son mis connacionales, porque en el aeropuerto ya le había tocado conocer a Maribel Guardia; yo le expliqué que ella es costarricense (no se porque almaceno datos tan inútiles jaja).
Ya con la clave del internet entré al grupo de facebook y descubrí que nadie había venido a buscarme, pero después de insistir y esperar, logré conseguir a alguien que me salvara de pagar los 30 usd que un taxi cobra desde el aeropuerto hasta la ciudad.
Así fue que conocí a Toto y a Choco, dos muchachos super lindos que me llevaron a la Universidad de Santa María la Antigua a.k.a. USMA, y me apoyaron durante el resto de mi estancia en el país. Ambos panameños, Toto era parte del OC y Choco había estado en Costa Rica y Australia trabajando a nivel nacional para la organización, y ahora era el Chair de la conferencia.
Pasé todo el día (bueno, lo que quedaba) en la oficina de la universidad, comí patacones (botana de platano aplastado y frito) con pollo y papas fritas, todo por $2 usd (increíblemente barato) y hablé con la gente de la oficina de AIESEC USMA. Daniel, otro niño de la organzación, me ayudó a conseguir un taxi y bajar mis maletas desde el tercer piso, dónde estaba la oficina. ¡¡¡Fue toda una misión imposible!!! tuvimos que atravesar el estacionamiento y caminar hasta la calle, y luego, caminar hasta la esquina porque era más probable encontrar un taxi que "quisiera" detenerse. Tienen que haber sido como 200 metros. Cualquiera que hubiese visto mis maletas sabrían que ha sido de los favores más grandes que me han hecho en la vida (por cierto, Toto fue quien me ayudo a subirlas :S).
Conseguir un taxi en Panamá es toda una odisea. Si no les da la gana, no se paran, y eso es bastante común. Si se llegan a parar, y tu destino les tomará mucho tiempo, no les queda cercas, de paso, o simplemente, no les gusta, arrancan sin decir una palabra. Ni un "no puedo", mucho menos un "lo siento". Te quedas hablando solo y ya.
Después de muchos intentos fallidos intentando pescar un taxi, finalmente uno picó, y Daniel le dio instrucciones de a donde llevarme. Ya montada en el taxi, que por cierto, era compartido (algo bastante común en Panamá, pero muy raro para mi), me di cuenta de que realmente no entendía el acento panameño. En el aeropuerto culpaba a mi sordera, el cansancio, o cualquier otra cosa, pero ahí me di cuenta de que de plano, no entendía nada de lo que me decía el taxista; era como otro idioma, y yo solo atinaba a decir "ah si, aja". Lo peor es que me preguntaba por que calle irse, y yo preocupada porque no tenía ni idea.
Después de muchos intentos fallidos intentando pescar un taxi, finalmente uno picó, y Daniel le dio instrucciones de a donde llevarme. Ya montada en el taxi, que por cierto, era compartido (algo bastante común en Panamá, pero muy raro para mi), me di cuenta de que realmente no entendía el acento panameño. En el aeropuerto culpaba a mi sordera, el cansancio, o cualquier otra cosa, pero ahí me di cuenta de que de plano, no entendía nada de lo que me decía el taxista; era como otro idioma, y yo solo atinaba a decir "ah si, aja". Lo peor es que me preguntaba por que calle irse, y yo preocupada porque no tenía ni idea.
Había buen de tráfico, y después de dejar a la mujer que ya iba en el taxi cuando yo subí, me llevaron a mi. Allí me tienen, frente a Cancún (así se llama el edificio), con mis maletas apiladas más altas que yo, preguntandome que pasaría después.
Mi compañera del Comité Nacional (a.k.a. MC) de PR, Suzanne, estaba de intercambio en Panamá, trabajando para una fundación llamada Goodwill. Unos días antes de mi llegada, acordamos que me quedaría con ella y sus room mates, otros interns de un proyecto llamado "Future Citizens" (estos interns trabajaban en la universidad haciendo proyectos de concientización, no recuerdo bien las temáticas). El punto es que yo no tenía celular que funcionara en Panamá, no tenía idea de dónde estaba, porque Daniel fue quien le dió las instrucciones al taxista, y el tal departamento de los Future Citizens resultó ser un bello edificio como de 15 pisos, y no había nadie a la vista, ¡¡¡ni siquiera el portero!!! ¿Puedo mencionar que tuve que arrastrar 60 kg. de maletas desde la banqueta hasta el recibidor? ¡y había escaleras!
Daniel había llamado a los muchachos para decirles que iba en camino cuando conseguimos el taxi, así que seguramente no tardarían en echarse una vuela, pero de todas formas comencé a ponerme paranoica (eso todavia se me da muy bien, solo de vez en cuando): ¿Y ahora, quien podrá defenderme? Sola, casi en la calle, desprotegida (en ese momentó recordé que no compré mi seguro de viaje; acto seguido recordé que en migración me dieron uno), sin poder moverme de lugar por no dejar mis maletas y sin una forma de comunicarme (mi celular cambiaba constantemente de compañía telefónica, pero no podía llamar a nadie), haciendose de noche jajaja paranoia ON, ¡¡cómo en los viejos tiempos!!
En eso estaba cuando llegó mi salvación: una señora con sus tres niñas, que iba a entrar en el edificio, ¡¡y tenía llaves!!! Por lo menos iba a poder esperar adentro. La señora super buena, y yo preguntándole si no sabía en que piso vivían un montón de extranjeros de todo el continente. Lo único que me pudo decir es que habia un piso de inmigrantes colombianos (¿porque no me sorprende? colombianos invadiendo everywhere XD).
En eso llegó el portero, que supo muy bien de quienes hablaba: una bola como de 15 (inserte aquí una palabra panameña que no recuerdo, pero era para referirse a las personas de manera despectiva) que vivian como (inserte más palabras panameñas, no las recuerdo pero era algo así como salvajes o animales :S).
En sí, el portero se quejaba de que eran demasiadas personas viviendo en el mismo departamento, lo cuál estaba en contra de las políticas del predio, pero de alguna forma, los interns se salian con la suya para que no los echaran. El desprecio hacia el hogar de los Future Citizens era evidente, y casi lo sentí sobre mi persona cuando el portero me vio dirigirme hacia allá cargada de bultos...
En sí, el portero se quejaba de que eran demasiadas personas viviendo en el mismo departamento, lo cuál estaba en contra de las políticas del predio, pero de alguna forma, los interns se salian con la suya para que no los echaran. El desprecio hacia el hogar de los Future Citizens era evidente, y casi lo sentí sobre mi persona cuando el portero me vio dirigirme hacia allá cargada de bultos...
Subí algunas de mis maletas en el elevador (que no era tan grande y no cabían todas a la vez) y allá voy, hasta el piso 10 si no me equivoco. Epic fail, se me olvidó el número del departamento que el portero me acababa de decir (tan ejtupidaa) así que toque la puera dónde se oía más ruido; efectivamente, acerté.
Los future citizen eran un amor y me recibieron muy bien. De heho, me estaban esperando desde hace rato y bajaban de vez en vez a ver si ya había llegado; es más, Maracaibo, como llamaban a una de las internas, ya había bajado por un elevador mientras yo subía por el otro. Estos muchachos eran un grupo grande de jóvenes entre 18 y 21 años, de países como EE. UU., El Salvador, Brasil, Venezuela, Colombia, Ecuador y no recuerdo que más. Alguna vez hubieron 15 personas viviendo en ese departamento que era como para 5 o 6, si mal no recuerdo, 3 habitaciones; tras las quejas del casero, quedaban como 10.
Cabe mencionar que, aunque no era parte del proyecto de los future citizens, en este departamento también estaba mi buen amigo Stalin, un ecuatoriano que conocí en Perú el año pasado. Cuando supe que Suzanne trabajaba con el en Panamá no lo podía creer, y menos que ahora yo misma estuviera ahí, vaya que pequeño es el mundo aquí.
Cabe mencionar que, aunque no era parte del proyecto de los future citizens, en este departamento también estaba mi buen amigo Stalin, un ecuatoriano que conocí en Perú el año pasado. Cuando supe que Suzanne trabajaba con el en Panamá no lo podía creer, y menos que ahora yo misma estuviera ahí, vaya que pequeño es el mundo aquí.
Después de medio instalarme, bajamos al restaurante de enfrente, Churrería Manolo's, dónde los future citizens usualmente iban para usar el internet. El lugar me pareció bastante agradable, empezando porque tenía sed y el mesero me llevó un vaso de agua fresca sin pedirlo. En Panamá, así como en PR, el agua de la llave es potable, y en los restaurantes te la sirven gratis, así que a veces te la sirven incluso sin que la pidas. Después del estres del viaje fue mi primer momento real de relajación: aire acondicionado, buena iluminación, un lugar agradable, mi amor (mi laptop), internet, agua y un delicioso churro relleno de...¿natilla? Fue una recomendación de Verónica, la ecuatoriana, novia de Stalin, y la verdad ¡me encantó! Era como los de Coyoacán.
Luego de eso, subí a bañarme y esperar a Suzanne, que apenes venía del trabajo. Awww por fin iba a conocer a mi primera compañerita del MC, mi nueva familia. Recuerdo que yo le abrí la puerta, haciendo algún tipo de escándalo.
Como la noche era jóven, y los future citizens aún más, logicamente ya tenían planes, así que nos pusimos bellos para "el 6", un baresito conocido de Panamá, buen lugar, estilo medio gringo.
Bailé un poco, y antes de las 11 pm me di cuenta de que no había dormido más que en el avión, y que de hecho, casi no había dormido ninguna de las noches anteriores desde hacía por lo menos una semana, así que me senté en una silla alta, y decidí morir con los brazos y la cabeza en la barra. A veces los bartenders me preguntaban si me sentía bien, la mayoría de la gente simplemente debe haber pensado que me caía de borracha. No es de buen gusto, pero uno llega a un punto en el que no le importa... ¡lo malo es que con el tiempo se ha vuelto costumbre!
Por fin, los future citizens se aburrieron y decidieron volver a casa como a eso de la 1:30, haciéndome muy muy feliz.
Como la noche era jóven, y los future citizens aún más, logicamente ya tenían planes, así que nos pusimos bellos para "el 6", un baresito conocido de Panamá, buen lugar, estilo medio gringo.
Bailé un poco, y antes de las 11 pm me di cuenta de que no había dormido más que en el avión, y que de hecho, casi no había dormido ninguna de las noches anteriores desde hacía por lo menos una semana, así que me senté en una silla alta, y decidí morir con los brazos y la cabeza en la barra. A veces los bartenders me preguntaban si me sentía bien, la mayoría de la gente simplemente debe haber pensado que me caía de borracha. No es de buen gusto, pero uno llega a un punto en el que no le importa... ¡lo malo es que con el tiempo se ha vuelto costumbre!
Por fin, los future citizens se aburrieron y decidieron volver a casa como a eso de la 1:30, haciéndome muy muy feliz.
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