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sábado, 26 de noviembre de 2011

Buenos días Puerto Rico

Era jueves 28 de julio y mi jefa me había dado permiso de tomarme la mañana libre para dormir bien antes de presentarme a la oficina por primera vez.  Esa fue la primera señal de que era una workcoholica jajaja (bueno, ni tan chistoso :P).

En fin, yo como trabajadora responsable en su primer día lo aprecie mucho, aunque usualmente reponerme de del cansancio emocional y físico que requiere dejar tu país por un año, ir a una conferencia de cuatro días, tomar dos vuelos de seis horas y mover 60 kg de equipaje, me hubiera tomado por lo menos 20 horas de sueño solo interrumpidas para comer (ya me ha pasado).

Mi primera impresión de PR era muy vaga: solo conocía la sala de Copa Airlines, las calles del aeropuerto (tipo gringo) y el recorrido nocturno hasta mi departamento.  Sentía como que estaba en Culiacán o cualquier otra ciudad de Latinoamérica.

A estas fechas ya no recuerdo los pequeños detalles, pero bueno, significa que mis historias empezarán a fluir más rápido.

Val vino a comer y luego nos fuimos juntas a la oficina a eso de las 2:00 pm.  La oficina está realmente cerca, no más de 5 min. a pie.  Lo único que le pregunté a Val fue si la zona era segura como para cargar mi lap top así como así.  Su respuesta fue: "pues yo lo hago todos los días."  ¡Ok! era suficiente para mi jajaja.

El edificio de nuestra oficina se ve decente, aunque odio las ventanas; creo que vista mejoraría totalmente si las cambiaran.  En fin, al entrar, hay que subir escaleras hasta el tercer piso, donde entras a un recibidor amplio y bonito.  Ahí tienen cede una empresa de promoción de eventos y la oficina del Consul de un país centroamericano.

A la izquierda hay una puerta donde se encuentran los baños y más adelante, un biombo, dónde empeiza oficialmente nuestro espacio.  Es una zona amplia y bien uliminada, con dos "cobachitas" (pequeños cuartitos, como oficinitas).  Bueno, en realidad no son tan pequeñas.  La verdad es que nuestro MC debe tener una de las oficinas más grandes.

No recuerdo que tanto hice ese día además de estar en la oficina un rato, pero en la noche Val me llevó a la placita, su lugar favorito en todo San Juan.  Yo todavia estaba muy cansada y somnolienta, así que no tuve ni ganas de arreglarme, ¡pero ahí vamos!

Fuimos a un bar que llama Fat Tuesday (ahora se que es una cadena y hay más en USA y otras partes del mundo).  Es un bar de lo más gringo, con la temática del mardi gras (carnaval) estilo Nueva Orleans.  Como Valerie y Oriana (que era la otra habitante del flat, pero aún no conocía porque estaba de vacaciones en Nueva York) se la pasan en ese bar, todo mundo las conoce.  Inmediatamente Val me presentó con todos los trabajadores del bar: los bartenders, el manager, el que hace la limpieza, el de seguridad de la puerta, etc.  la verdad en ese momento yo no me aprendí ni sus caras ni sus nombres, de hecho, y pese a que seguimos yendo ahí, eso me tomó como dos semanas.  ¡Clásico!

En fin, lo único que ahora recuerdo es que estuve feliz de ir a dormir y seguramente me costó mucho trabajo levantarme para estar en la oficina a las 9:30 el siguiente día.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Hola Puerto Rico

Creo que cuando desperté ya habíamos aterrizado porque no recuerdo nada de la vista aerea de la ciudad.  Esperé a poder levantarme de mi asiento y sacar mis maletotas de mano, creo que fui de las últimas en el avión.  Mientas tanto, tuve esa sensación extraña y dificil de describir que me pasa casi siempre que aterrizo en algún lugar que no sea mi casa, o al menos, un lugar donde tenga residencia "fija".  Es como ansiedad, desorientación, nostalgia y desconicerto.
Me sentí perdida en el aeropuerto.  Eran más de las 10 pm y casi no había nadie, creo que mi vuelo fue el penúltimo del día.
Hice la fila de migración, abrieron el misterioso sobre que el Consulado de EE. UU. había grapado a mi pasaporte y me mandaron a otro departamento dónde iban a verificar mis documentos y no se que más.  Es la primera vez que entraba con una visa que no fuera la de turista, así que me tocó esperar como 20 minutos (o 30) para que me dijeran que todo estaba en orden y me pudiera ir.
Nuevamente desorientada, no sabía dónde encontrar mis maletas, y mi parte del aeropuerto estaba desierta; no habia ni personal de seguridad ni pasajeros a quien preguntar.  Al fin y al cabo llegué a una enorme sala de bandas de equipaje, que tuve que recorrer hasta el final para dar con el mio.  Luego, otra vez a sufrir para encontrar quien me ayudara a llevarlas afuera.  Se supone "por ahí" andaba un maletero, pero no se le veía ¡¡por ningún lado!! ahí solo había guardias y más personas esperando a alguien que les llevara sus maletas, muchas todavia más grandes que las mías.
Por fin, encontré al tal maletero, que ya tenía cliente: una señora y su hija como con dos docenas de maletas, afortunadamente, y no se como, también cupieron las mias en un carrito que nunca me hubiera imaginado tuviera esa capacidad.  La señora muy linda me dió su teléfono por si necesitaba algo de la isla y no quiso que coperara para pagarle al maletero.  Cuando salí a la calle no veía a nadie del MC, así que el mismo muchacho de las maletas me presto su Iphone (porque aquí en PR todo el mundo tiene Iphone) para llamar a Miriam.  Ella estaba con Huber y Val esperandome por otra puerta, ¡desde hacia dos horas! Estaban muertos del aburrimiento, pero bueno, subimos rápido mis maletas y fuimos rumbo a mi nueva casa.  Creo que antes de conocerla, hicimos escala para cenar en el Café Ruben, que está enseguida.  No me puedo quejar, tengo un resaurante dominicano de comida criolla (tipo casera) 24/7 a un lado de casa, y una placita llena de bares al otro.
Lo primero que comí en PR: una media noche, algo así como un "sandwich" en un pan que se abre sin llegar a partirlo en dos, como un hot dog, pero sin la forma de salchica.

*Otra cosa curiosa, aquí los sandwiches no necesariamente los hacen con pan de barra; un sandwich puede estar hecho con cualquier pan, es mas que nada el concepto de poner cosas dentro de dos mitades.  Incluso, algunos sandwiches parecen lo que para nosotros sería una baggete o una torta.

A pesar de que me estaba muriendo de sueño, aguante la conversación hasta que me mandaron a dormir, feliz de iniciar mi aventura en Puerto Rico.